A disfrutar con este fabuloso video de Rob Carter...
Metropolis by Rob Carter - Last 3 minutes from Rob Carter on Vimeo.
Metropolis by Rob Carter - Last 3 minutes from Rob Carter on Vimeo.
Imagina un limón sobre la mesa del ordenador que en estos momentos te esta sirviendo para leer esto. Imagina simplemente que lo partes en 4 trozos, imagina que te metes en la boca un trozo jugoso de ese brillante limón.... ¿lo estás viendo? ...
Pues deja de segregar saliva... si puedes.
Esto es AVATAR: un limón y el efecto de segregación salivar a una escala muchísimo mayor, a la escala de la percepción sensorial máxima, una simple visualización que altera nuestros sentidos etiquetando en nuestra mente un nuevo tipo de percepción sensorial, que a pesar de su impacto está vacía de contenido emocional, es vacuo, y predispone simplemente a engrandecer el genio de una industria que manipula los sentidos de la gente para ganar dinero y seguir manipulándonos.
Suena francamente apocalíptica la cuestión, pero es que no puedo reprimir mi discurso hacia una moderación crítica y con la corrección convencional exigida por el sistema.
El Sr. Cameron y sus asesores saben, como todo buen cineasta del Siglo, que las actitudes vitales referidas al miedo, la desesperación, el amor, el goce y todas aquellas que nos hacen humanos independientes se contienen en el órgano de las emociones y el raciocinio humano: en las debilidades y en las fortalezas del cerebro.
Pues bien; el argumento de AVATAR es una verdadera porquería sin contenido emocional alguno. Lo único que aporta es una nueva y peligrosa tecnología de visualización, que ya se conocía desde la aplicación de los estroboscopios.
Para lo único que sirve esta nueva tecnología es para que los screeners y los riepadores de DVDs comerciales, cuelguen impunemente en la red formatos de videos originariamente en 3D, que luego en la tele de casa sean una deformación visual. Lo cual, poco importa dado que la deformación del film viene ya dada por su contenido emocional nulo.
AVATAR NO APORTA NADA. AVATAR ES UN FRAUDE.
Mainar: ’Prefiero que me acusen de matar a un tirano, que de ampararlo’



Conocidos ahora los entresijos de lo que ocurre en el despacho del Magistrado Juez Lajusticia, viendo como Berlusconi niega lo evidente, o cómo ensalza Pajín la heroicidad coincidente de dos presidentes ante la actuación cívica de sus respectivos correligionarios, me asalta, como siempre, una duda metódica, cartesiana, compleja y a la vez de fácil y simple formulación.
El curso de los breves e intensos acontecimientos en la vida pública y económica del mundo, sí, de todo el mundo, el cómo se acota la crisis y quién ha tomado las riendas para acotarla, me acerca nuevamente a la misma duda metódica y cartesiana.
Viendo como se jalean unos brotes verdes, apreciados por los que gestionan la crisis, mancillados por los que no pueden siquiera imaginar gestionarla, y sobre todo acercarse a mirarla en su complaciente lado de las futuras ganancias; viendo cómo se detallan los espurios fines y orígenes de la tenencia del vil metal, y sobre todo viendo que los brotes verdes responden a la reedición de la misma situación que nos ha traído todo esto, me interno de lleno en la duda metódica y cartesiana que temo plantear.
Pero alguna vez habrá que decirlo y, porque no, denunciarlo:
¿De verdad lo que se hace por superar la crisis es señal de que se ha aprendido porqué la sufrimos?
La duda planteada así es simplemente holística, pero vista desde Keynes o desde Marx adquiere una compleja visión.
Da igual qué mentira se acerca a tus sentidos si ésta viene avalada por un poderoso mandatario. Será mentira siempre, y como tal, el tiempo la recolocará en su justo estado de razón.
Pero la verdadera razón de la mentira reside en el futuro, en ese tiempo en el que ha de tardar en recolocarse en su justa razón, tiempo que perdemos atendiendo a las razones estultas y bien adornadas de los mandatarios que obedecen a los criterios del capital.
Habiendo prostituido el lenguaje hasta la incomprensión, los economistas han creado un reino basado en la riqueza, en el metal y el papel hasta llegar al valor como estandarte de su profundo error.
Entre tanto la economía, la acción de supervivencia entre distintas gentes que acaparan la capacidad de intercambiar cosas entre ellos en un ámbito de cooperación, complementación y sostenibilidad ha desaparecido del discurso global.
Da miedo pensar que, incluso quienes se presentan como expertos analistas de la situación, hacen de su privilegiada posición un negocio basado en el tradicional corte de lo que denuncian, reeditando, como digo, el plazo de tiempo que precisa esta gran mentira para recolocarse en su justa razón.







